La noche del 6 de agosto de 2026, como casi cada año por estas fechas, las cigüeñas volvieron a elegir el tejado de la Iglesia de Albares para hacer una parada en su camino y pasar la noche.
Porque, aunque sea solo durante unas horas, las cigüeñas también eligen Albares para vivir… al menos una noche al año.
Su llegada se ha convertido ya en una de esas pequeñas escenas que anuncian el paso del tiempo en nuestro pueblo: decenas de siluetas blancas recortándose sobre el tejado y el cielo de verano, descansando antes de continuar su viaje.
Durante unas horas, la Iglesia volvió a tener unas huéspedes muy especiales. Al amanecer levantaron el vuelo y continuaron su camino, pero aquella noche, una vez más, Albares formó parte de su viaje.
Y quizá esa sea también una bonita manera de entender un pueblo: un lugar al que, aunque sea por una noche, siempre merece la pena volver.